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  Seminario sobre evaluación del impacto en Intermón Oxfam Seminario sobre evaluación del impacto en Intermón Oxfam  



En julio de 2008 Ágora Social impartió un seminario de cinco horas a los responsables territoriales de esta organización en el que se propuso un nuevo modelo de evaluación del impacto que va más allá del uso de objetivos e indicadores tradicionales.

Sin renunciar a las ventajas de este modelo, utilizado con éxito en la organización desde hace tiempo, se pretendía incorporar otros elementos de carácter cualitativo en la valoración del impacto de cada sede territorial.

El seminario también buscaba suscitar el debate interno en relación al uso dado en cada sede territorial a las herramientas de evaluación de resultados e impacto utilizadas en la actualidad, en un marco de gestión definido por una estructura matricial.

Una de las dificultades principales cuando se pretende evaluar el impacto de las acciones de una organización, mediante campañas de sensibilización, comunicación, etc., es que el comportamiento humano no siempre presenta respuestas lógicas. Por este motivo, el uso de indicadores de medida tradicionales puede aportar información defectuosa.

Cuando pretendemos medir el impacto a nivel social o comunitario, solemos encontrar que el cambio, si ocurre, se produce a muy largo plazo, normalmente más allá de la duración de los planes estratégicos de cualquier organización.

Una aproximación inicial, en el marco de un programa, es la siguiente:

  • Los resultados de las acciones informan sobre el grado de consecución de objetivos concretos, específicos, o generales, pero siempre establecidos en el corto o medio plazo.
  • El impacto se relaciona directamente con el propósito estratégico de la organización y se vincula, por tanto, con los objetivos estratégicos, definidos a largo plazo.
  • La estrategia está en el centro de la gestión diaria, lo que se refleja mediante los propios objetivos generales establecidos.

Por otra parte, debe considerarse prioritario el establecimiento de un plan de seguimiento del cumplimiento de los objetivos. Esto quiere decir que en la programación y planificación de programas y proyectos deben incluirse momentos de revisión y seguimiento, detallarse los recursos que se dedicarán e indicarse metodologías y resultados esperados.

Sólo si prestamos atención a lo que se consigue en la actividad diaria se estará en condiciones de evaluar el impacto con una cierta fiabilidad.

Un problema frecuente a la hora de evaluar tanto el impacto como los resultados es la dificultad de relacionar los programas con los proyectos. Es frecuente encontrar un vacío entre ambos planos de actuación que dificulta notablemente valorar adecuadamente lo conseguido.

A fin de remediar, al menos en parte, esta situación, se propone el uso de clusters intermedios, como forma de vincular los proyectos con los programas en los que se inscriben y facilitar la correcta evaluación de los resultados y su correlación con el impacto deseado.

El elemento más novedoso en la evaluación, que contrasta con el modelo seguido hasta ahora aunque en ningún momento pretende eliminarlo, es el uso del “conocimiento tácito”, dicho en términos de gestión del conocimiento. Éste reside en toda organización y es específico del contexto y del individuo. Es un tipo de conocimiento muy difícil de formalizar y de comunicar. Por esta razón también es difícil de transferir de una persona a otra y de generalizar en la organización.

Sin embargo, el uso de dicho tipo de conocimiento, basado en la intuición y en la experiencia de las personas, es cada vez más valorado en la evaluación del impacto. Bien utilizado, aporta información de carácter cualitativo muy valiosa que complementa y da sentido a la información objetiva obtenida mediante la evaluación tradicional.

 

 


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