
| |
 |
Selección
por competencias |
|

Es frecuente que las ONL realicen la
selección de personal sin contar con especialistas
en la materia, ya sea personal propio o externo a la organización.
A menudo creen que ellas saben mejor que nadie cómo
deben ser las personas que pueden encajar en su organización.
Este procedimiento está especialmente
desaconsejado cuando el puesto a cubrir es de elevada
responsabilidad o se acaba de crear. En estos casos, realizar
la selección sin contar con especialistas suele
abocar al fracaso y sus consecuencias pueden ser muy graves
si el puesto es de gran importancia.
Una de los motivos fundamentales de estos
fracasos es que el proceso de selección suele reducirse
a la revisión de los currículos recibidos
y a la realización de entrevistas entre aquellos
candidatos que han presentado mejores currículos.
Sin embargo, el proceso de selección
es mucho más complejo. Comienza con una detallada
elaboración del perfil del puesto. Es necesario
definir concretamente las funciones y responsabilidades
del puesto. Es muy conveniente tener en cuenta el contexto
y las circunstancias en las que se desenvolverá
la persona escogida.
Será igualmente imprescindible
indicar cuáles son las habilidades técnicas
y las competencias que deberá cubrir la persona
elegida.
Es importante señalar que cuando
hablamos de competencias nos estamos refiriendo al comportamiento
que consideramos más adecuado para desempeñar
con éxito las labores asociadas al puesto de trabajo
que queremos cubrir.Esta reflexión previa es esencial
para realizar una selección correcta.
Recientemente, una organización
con la que hemos colaborado en otro tipo de labores, se
puso en contacto con Ágora Social para realizar
la selección del director de la entidad. El proceso
se desarrolló en su totalidad siguiendo la metodología
que pasamos a exponer brevemente.
Lo primero que hicimos fue elaborar un
perfil que contemplara no sólo las dificultades
intrínsecas del puesto, sino el momento en el que
se encuentra la organización, de crecimiento sostenido
y rápida evolución, lo que plantea unos
retos diferentes a los que la organización abordó
en el pasado, y un perfil distinto del director o directora
al que hubo anteriormente.
A continuación, valoramos qué
competencias (cómo debería comportarse el
futuro director o directora) eran necesarias en este nuevo
escenario.
Una vez consensuado no sólo qué
debe conseguir quien se incorpore a ese puesto, sino también
qué comportamiento esperamos que tenga, estaremos
en condiciones de elegir con mayores garantías
al mejor candidato para el puesto.
Los expertos en selección de personal
insisten cada vez más en tratar de predecir cómo
se comportará una persona en el puesto no tanto
a partir de sus características psicológicas,
determinadas a partir de los clásicos test de rasgos,
sino mediante el análisis de sus comportamientos
pasados. Este modelo tiene varias ventajas. Por una parte,
la información obtenida es más objetiva,
pues estamos considerando comportamientos observables.
Por otra, nos informa también de su potencial de
desarrollo futuro.
Finalmente, y esta quizá es la
razón más importante, el mejor aval de comportamientos
futuros es, precisamente, el comportamiento pasado, basándonos
en que las personas tendemos a comportarnos como nos comportamos
en el pasado si las circunstancias son similares.
La selección por competencias tiene
también una utilidad de índole práctica.
Una vez realizadas los test correspondientes, estamos
en mucha mejor disposición para elaborar una entrevista
de selección que aporte la información necesaria
para escoger a la persona más adecuada.
Por ejemplo, si es una persona que antepone
sus objetivos a las relaciones humanas, podremos diseñar
preguntas que nos corroboren este aspecto. Por sí
misma, esta información no es ni favorable ni desfavorable.
Será la comparación de los datos obtenidos
con el perfil lo que nos ayudará a realizar la
elección correcta.
En este caso, si el perfil tiene un carácter
muy ejecutivo, se dará más valor a la orientación
al logro que al interés por mantener buenas relaciones.
Sin embargo, si el puesto a cubrir requiere de grandes
habilidades sociales, probablemente prefiramos a un candidato
que priorice las relaciones a los objetivos.
Así, una vez definido el perfil
seleccionamos cuáles son las competencias que tendrán
más importancia para el puesto y aplicamos los
test adecuados.
La aplicación de los test y la
elaboración de los correspondientes informes deben
realizarse, en todo caso, por un profesional habilitado.
Sólo una persona con los conocimientos necesarios
será capaz de hacer una correcta interpretación
de los datos obtenidos.
El disponer de dichos informes nos ofrece
una ventaja adicional. Muchas veces un gran currículum
esconde un candidato cuyo comportamiento no se adecua
al perfil buscado. Por tanto, a partir de estos informes,
podemos descartar a estos candidatos, independientemente
de la bondad de su currículum.
Esto resulta sin duda muy útil
a fin de abordar la última fase del proceso, la
realización de las entrevistas, dado que contamos
con un abanico de opciones más reducido, pero también
más adecuado.
Tradicionalmente, la entrevista suele
limitarse a valorar junto al candidato su currículum,
buscar sus motivaciones para el puesto que ofertamos y
ver si hay química entre las personas.
Lo cierto es que si únicamente
valoramos estos aspectos, probablemente dejemos escapar
a la persona adecuada y escojamos a la persona que mejor
diseñe sus currículos o a quien mejor se
desenvuelva mejor en las entrevistas.
Una lectura atenta del currículum
solamente nos dice qué puestos ha cubierto una
persona, pero en ningún caso sabremos si consiguió
sus objetivos, si era capaz de comunicarse correctamente,
si sabía trabajar en equipo, si sabía escuchar,
si soportaba adecuadamente la tensión, etc.
Solamente contaremos con la información
que nos aporte a lo largo de la entrevista o, en el mejor
de los casos, preguntando a las referencias que pudiera
incluir en el currículum.
A lo sumo, conseguiremos descartar a aquellos
que hayan incurrido en alguna "inexactitud"
frente a la realidad. Pero aún no sabremos si su
comportamiento será el que debe tener el candidato
elegido.
Por otra parte, los "profesionales
de la entrevista" suelen ser capaces de intuir las
respuestas esperadas, especialmente si los entrevistadores
no tienen mucha práctica y no son capaces de profundizar
en los aspectos importantes de cada candidato.
Hay que saber identificar los puntos débiles
de cada candidato para descartarlos o confirmarlos, sabiendo
que una persona habituada a participar en procesos de
selección evitará las respuestas más
comprometedoras o desfavorables.
Sin embargo, si hemos construido un perfil
adecuado y hemos sabido identificar los comportamientos
que consideramos adecuados, será fácil elaborar
una entrevista que resalte tanto los puntos fuertes como
los débiles de cada candidato. Podemos personalizar
cada entrevista.
En este caso, estaremos elaborando una
entrevista a la medida del puesto que estamos buscando,
ajustándonos a cada candidato y evitando los discursos
"precocinados" que tantas veces solemos encontrarnos
los que nos dedicamos a la selección de personal.
Así, convertiremos algo complejo
como es la realización de entrevistas de selección
en un proceso más sencillo, basado en un guión
fácil de seguir por cualquier persona que, sin
ser un técnico, sí conozca las características
del puesto a cubrir y las cualidades de la persona idónea
para el puesto.
Para terminar, podemos decir que la selección
de personal nunca puede garantizar al cien por cien los
resultados obtenidos, pues, en última instancia,
las personas pueden variar su comportamiento por razones
muy diversas. De modo que siempre encontraremos un pequeño
porcentaje de procesos de selección que, habiendo
sido realizados correctamente, no dieron el resultado
apetecido.
Sin embargo, si seguimos los pasos que
hemos comentado, al menos tendremos la seguridad de haber
descartado a los candidatos menos adecuados, habiendo
elegido a quien más encaja con las necesidades
reales de nuestra organización.
|