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  Pilar Orenes Pilar Orenes
Directora de la sede de Madrid de Intermon Oxfam
 


Entrevista realizada por Helena Provencio (Consultora de Ágora Social)

El consumo desenfrenado es uno de los rasgos más destacados de las sociedades actuales, especialmente en los países más ricos. Más que un factor económico, constituye un estilo de vida. Los que pueden, consumen de manera desaforada y los que no, sueñan con conseguirlo algún día...


Consumo responsable, economía sostenible, ahorro ético, responsabilidad social corporativa, comercio con justicia... son expresiones cada vez más oídas. ¿Estamos ante un movimiento global que cuestiona el consumo irreflexivo y desmedido?

De alguna manera, los objetivos del mundo están en un punto muy diferente al que tenemos organizaciones como nosotros. Es decir, es como si el objetivo del comercio internacional fuera, en vez del intercambio equitativo, que contribuya a la erradicación de la pobreza, el beneficio de los países más ricos. El punto de mira actual está más en la generación de riqueza que en la eliminación de pobreza. Por eso, creo que estos movimientos son distintas expresiones de la misma globalidad y sobre todo de una misma inquietud. Algo así como la respuesta a en qué mundo estamos, dónde nos estamos moviendo, la gente cada vez quiere más y más y sin plantearse el fondo de las cuestiones... algo no está funcionando.


Este tipo de iniciativas, ¿son sólo un paño caliente para los graves problemas sociales y medioambientales que sufre nuestro planeta o realmente representan una alternativa válida para contribuir a resolverlos?

Todas las organizaciones que nos dedicamos de una forma u otra a este tipo de cosas intentamos tener un plan de actuación global que lleve, por una parte a una serie de cambios estructurales que son los que garantizan un cambio a largo plazo y, por otra, a cambios pequeños, a corto plazo, que son los que podríamos denominar paños calientes.

Creo que las dos cosas son necesarias. Cuando se hace una acción global como por ejemplo la de Comercio con Justicia, tienes que tener actuaciones pequeñas que inciten a la gente a moverse hoy (como consumir café de comercio justo), a la vez que estás proponiendo un cambio en las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sabemos que las reglas de la OMC no van a cambiar de la noche a la mañana después de Hong Kong, sin embargo hay que trabajar para asegurar que en el día de mañana todos los productores y productoras tengan acceso a una vida digna. En el corto plazo, si tu consumes café de comercio justo vamos a poder comprar más café a los productores y la vida de esos productores, mañana mismo, va a poder solucionarse.

En el caso de Intermon Oxfam es muy claro en muchos temas, por ejemplo cuando hablamos de agua construimos un pozo para paliar la sed de la gente que vive alrededor pero a la vez tienes que trabajar para que esa comunidad tenga poder de incidencia en su gobierno para que se regule el agua y sirva a sus futuras generaciones. Para nosotros es muy importante conjugar las dos cosas, el corto y el largo plazo. Hay que trabajar de manera sostenible en el largo, pero el corto es lo que te hace paliar las necesidades de hoy y a la vez ofrecer a la gente cosas muy concretas que generan cambios directos en sus vidas.


¿Quien o quienes están apoyando verdaderamente la ética en el consumo y el ahorro y cómo lo hacen?

Por un lado están las organizaciones. Cada una está tocando una parcelita del movimiento este de la ética del consumo, ONG que van en la línea del comercio justo, otras en la línea de la banca ética, etc. y la suma de todas estas parcelas es la que construye algo. Pero también es cierto que todavía estamos muy lejos de que aquellos que verdaderamente tienen el poder de los cambios, tanto administraciones públicas como empresas privadas, los introduzcan. Por eso nuestro trabajo también busca incidir en ellas. Al final, nos guste o no, quien tiene el poder para tomar decisiones son ellos. Pero no es menos cierto que nosotros tenemos la fuerza para generar en ellas presión para que las tomen en una u otra dirección.


Está muy arraigada la idea de que el consumo es el motor de la economía de un país. ¿Cómo puede afectar esto al interés que puedan mostrar los poderes públicos o las empresas por promover estos movimientos?

Dentro del gran contrasentido que esto supone, lo bueno es que cada vez más hay otra serie de valores que deberían empezar a primar en el sector privado. Me refiero a todo el tema de la Responsabilidad Social Corporativa, que introduce otros instrumentos de medición de los negocios. Y esos instrumentos empiezan a ser lo social. El sentirte un actor en el mundo en el que estás y, por tanto, corresponsable de muchas de las cosas que están pasando.

Que estamos lejos de ello, pues sí, todavía algunos voluntarios que están trabajando en empresas privadas nos dicen: "Vosotros flipáis, el eje central de una empresa es el beneficio y todo aquello que le puedas aportar". Es cierto que todo o casi todo lo social que hacen las empresas es para darle un aporte a su negocio, es decir, incorporan lo social por que van a vender más. Pero yo confío en que será, como todo, un trabajo a largo plazo. Igual que la ecología hace unos años era un tema muy innovador y hoy por hoy está bastante más regulado (una de las cosas que dan valor añadido a cualquier empresa es el respeto a las condiciones del medio ambiente y a producir dentro de unos cánones de sostenibilidad), el tema social a largo plazo va a ocupar también ese rol.

Estamos de acuerdo en que lo que mueve nuestro mundo de hoy es el consumo y la maximización del beneficio. Quizás la cuestión esta en redefinir la palabra beneficio y empezar a darnos cuenta de que no siempre tiene que ser económico sino que puede ser algo social. A eso es a lo que deberíamos tender. Es difícil, lo sé, pero nadie nos dijo que iba a ser fácil.


No es por sonar pesimista, pero ¿crees realmente que a medio plazo se puede salir de esta situación, sobre todo teniendo en cuenta el modelo económico imperante y el poder de las grandes multinacionales, que diariamente tiran de la idea de consumir como clave para el éxito?

Yo estoy plenamente convencida de que se puede salir de esta situación. Si no creyéramos que es posible el cambio apaga y vámonos... El mundo puede cambiar, hay recursos disponibles para todos, lo único que hace falta es tener la voluntad de cambio. Que tanto a pequeños como a grandes niveles el objetivo esté puesto en esa erradicación de la pobreza.

Además, ya hemos tenido ejemplos concretos de cambio. Nos hemos movilizado para un tratado sobre minas antipersona hace unos años y se consiguió el tratado. Y hoy por hoy hay temas que antes no teníamos capacidad para poner sobre la mesa y hoy sí. ¿Que todavía no hemos conseguido los cambios que quisiéramos en la OMC?, sí, pero hemos conseguido que esos temas se hablen o por lo menos se tengan en cuenta.

No me canso de decirlo. Cuando alguien me pregunta: "¿Y esa postal sirve para algo...?" Por supuesto, son estos pequeños gestos los que producen cambios.


Destaca la idea de que el consumo es como un signo visible del éxito social. ¿Hay alguna manera de desactivar este mecanismo, de reducir al menos su impacto?

Para nosotros el consumo responsable tiene que partir de una cosa muy clara. Primero de saber qué hay detrás de la etiqueta del producto, dónde se ha hecho y en qué condiciones pero también de un criterio de austeridad. No puedes seguir consumiendo lo mismo aunque todo sea responsable. Se trata de reflexionar sobre qué es lo que necesito y lo que me sirve realmente. Entendiendo también la utilidad en el amplio sentido de la palabra, un regalo también puede ser necesario o puede tener todo el sentido del mundo. La pauta es saber y ser consciente de lo que es necesario en tu vida y sobre eso trabajar.


¿Serías tan amable de hacernos una pequeña lista de cosas concretas que un ciudadano puede empezar a cambiar en su día a día?

  • Consultar la guía de Greenpeace de buenas costumbres que te da esas recomendaciones y trucos que te garantizan que estás poniendo tu aportación personal para que el consumo de energía, de agua y otras tantas cosas de nuestro día a día sea más equilibrado.

  • El reciclaje puede ser otra cosa importante.

  • Consumir productos de comercio justo. Cada vez más la variedad y la calidad de estos productos hacen que sean de verdad alternativas.

  • Participar en actividades de voluntariado. Uno de los bienes más preciados es nuestro tiempo y dedicar parte de él a crear otra manera de pensar y de sentir es también importante y además gratificante.

  • Ser socio de una organización. Las organizaciones quieren ser independientes de las administraciones públicas y necesitan mantenerse. ¿Por qué no contribuir con nuestras pequeñas cuotas periódicas a cualquiera de ellas?

  • Cuestionar dónde invierto el dinero y qué se está haciendo con él. Buscar información sobre qué organizaciones me ofrecen una garantía de que mi dinero se está invirtiendo en temas sociales y ecológicos y no en otra cosa.

 

 

 


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