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César
García-Rincón
Presidente de Homo Prosocius |
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Entrevista de Helena Provencio Díaz
(Consultora de Ágora Social)
El voluntariado es una de las
cuestiones básicas y prioritarias para casi cualquier
organización. Sin embargo, a veces detectamos que
hay cierta dificultad para trasmitir los valores de la organización
y, sobre todo, para conseguir la fidelidad y la permanencia
de los voluntarios.
¿Por qué piensas que ocurre esto?
La transmisión de los valores que
constituyen lo que actualmente se llama "la cultura
corporativa u organizacional" es un fenómeno
novedoso en las ONL y ONG, y no tanto en el ámbito
de la empresa, donde hace tiempo se viene desarrollando
esta práctica (no siempre con éxito). Se
observa un acercamiento de las entidades de acción
social, a medida que se van haciendo más complejas
y grandes, a los modos de gestión de las empresas.
También se observa un acercamiento de las empresas
a los valores y objetivos de las ONG. Como todo proceso
comunicativo, en unas y otras organizaciones, se trata
de hacer tangible mediante comportamientos, modos de relación
y decisiones en el día a día, algo que de
entrada es intangible y abstracto como son los valores.
Por tanto, éstos no sólo se deben definir
bien, sino que además se deben materializar en
actitudes y comportamientos que han de transparentarse
y percibirse en las personas que forman la organización,
sobre todo en los directivos. Quien no vive un valor es
incapaz de transmitirlo. En lo que se debe a la fidelidad
y retención del capital humano, hay indudablemente
procesos y estrategias motivacionales que han de tenerse
en cuenta por quienes animan y acompañan los itinerarios
del voluntario, pero también vivimos en una época
donde los ciclos vitales, sobre todo de los más
jóvenes y adultos profesionales, son bastante móviles
y cambiantes. No ocurre esto con los voluntarios (más
bien voluntarias) de 50 años hacia arriba, que
son bastante más estables y fieles a las organizaciones.
Por tanto, el problema no está tanto en el voluntariado
en general (ya que el perfil español se encuadra
en ese grupo de más de 50 años), cuanto
en una parte del voluntariado formado por jóvenes
y profesionales entre 30 y 50 años. A su vez, este
segmento es el que más se demanda para determinadas
tareas, pero es el más inestable por las razones
vitales y existenciales aludidas.
¿Qué crees que necesitan las organizaciones
para dar respuestas a las demandas de voluntarios en un
entorno social cada vez más heterogéneo,
independiente, con poco tiempo y en continuo cambio?
Tratar de buscar un equilibrio dinámico
entre la satisfacción de las necesidades de las
personas a las que representan y las demandas de ese voluntariado
con el proyecto de vida más cambiante y dinámico
(jóvenes y adultos profesionales). Todo ello siempre
haciendo un estudio real de su campo de actuación
y sus necesidades de aporte voluntario en el mismo. Pero
en cualquier caso, el centro de gravedad de todo proyecto
debe ser siempre "el otro necesitado" y no cierto
"voluntariado a la carta" que exigen algunos
voluntarios/as.
¿Qué características debería
tener un modelo eficaz de gestión de voluntariado?
¿Es difícil su puesta en marcha? ¿Cuáles
son sus principales dificultades?
Como todo modelo, hay que definir
bien la arquitectura del mismo, desde el momento de la
entrada del voluntario en la organización (acogida,
entrevista, selección…), hasta incluso el
momento de salida (agradecimiento, despedida cordial)
y por supuesto todo el proceso de los itinerarios formativos
y reflexivos del acompañamiento en la acción.
A este respecto, la propuesta que hace Luis Aranguren
en su libro Cartografía del Voluntariado
(PPC) me parece muy acertada y clara. Sí me gustaría
nombrar aquí algo de lo que se empieza a hablar
cada vez más en las entidades, que es la "gestión
de las competencias del voluntario". El modelo de
gestión por competencias aplicado a los voluntarios
persigue desarrollar el talento prosocial de cada uno/a,
y también contribuye enormemente a fidelizar al
voluntario/a y evitar problemas asociados al rol (conflictos
de rol, sobrecarga de rol, estrés de rol). En cuanto
a las dificultades para poner en marcha un modelo de gestión,
se me ocurren las económicas, ya que precisa de
una persona dedicada a ello, y generalmente lo suele hacer
quien puede y cuando puede. Algunas entidades están
ya subcontratando esta labor con un profesional o entidad
externa (y neutral) que se encarga del seguimiento (reuniones,
estudio de motivaciones, gestión de las competencias)
de los voluntarios. Esta opción es más económica
que tener un/a profesional interno/a.
¿Qué habilidades
y conocimientos deberían tener los responsables
del personal voluntario?
De entrada, las habilidades genéricas
o básicas para coordinar y dirigir personas: escucha
activa, comunicación proactiva, comunicación
no verbal, inteligencia emocional, trabajo en equipo y
asertividad. De la combinación de estas habilidades
genéricas salen los comportamientos y competencias
más específicas, como: gestión de
conflictos, negociación de acuerdos, gestión
de contactos (networking), elaboración
de mensajes persuasivos, delegación de responsabilidades…
En lo que se refiere a los conocimientos, deben estar
formados en cuestiones básicas de psicología
y sociología de los grupos y de las relaciones
interpersonales, y por supuesto muy claros los valores
y la misión de la organización a la que
representan.
¿Debemos tratar a los voluntarios como si fueran
asalariados?
Creo que debemos tratar a todos por igual,
sin hacer distinciones, todos son importantes y necesarios
para la organización, pero lo que diferencia al
voluntariado es su motivación altruista, su generosidad,
su aporte de calidez humana a la calidad total de la organización.
Una motivación que también puede estar en
el trabajador/a contratado, y de hecho es lo deseable.
A este respecto, recuerdo algo que me comentaron los directores
territoriales de Intermon-Oxfam en unas sesiones formativas
con ellos a través de Ágora Social: "Si
tuviésemos todos los recursos suficientes para
cubrir todos los puestos con personal contratado, seguiríamos
apostando por el voluntariado". Creo que eso lo dice
todo. La labor que están haciendo las entidades
de acción social, grandes y pequeñas, en
la creación de un capital humano que fortalece
y fortalecerá nuestro tejido social, es de un valor
social enorme, una labor oculta a los ojos y los datos
de las administraciones públicas. Creo que la educación
en la ciudadanía se está dando en las ONG
y ONL, por ello será de justicia reclamarlo-recordarlo
cuando llegue su momento.
¿Qué esperan las organizaciones de los voluntarios?
No lo sé, pero creo que cada organización
ha de transmitirles bien lo que espera de ellos y debe
también preguntar a los voluntarios lo que esperan
ellos de la organización. Recalcaría esto
precisamente: que las expectativas han de ser mutuas,
buscar un equilibro entre adaptar el puesto a la persona
y la persona al puesto para lograr esa integración
máxima.
¿Qué pueden hacer las organizaciones para
promover la motivación y la participación
del voluntario?
Aquí me vais a permitir que me
"barra para casa" un poco. El curso "Motivación
del Voluntario: 30 claves" que imparto on-line cada
trimestre aproximadamente desde SolucionesONG (y también
presencial in social-company), profundiza en 10 tipos
de motivación con sus correspondientes claves prácticas,
de las que destacaría a modo de de despedida, agradeciendo
a Ágora Social esta oportunidad de compartir inquietudes,
lo siguiente:
En primer lugar, las organizaciones deberíamos
hacer un intento por conocer bien a cada voluntario y
motivarle desde su individualidad. Para ello es preciso
estar cercano y hacerlo en el seno de un grupo no demasiado
numeroso. Esto implica pensar en la motivación
como proceso, en el sentido de no preocuparse demasiado
por los motivos iniciales ya que la gente no es tan perfecta
como quisiéramos.
Además, las experiencias de ayuda por sí
mismas, suelen plantear al voluntario determinadas disonancias
sobre sus valores, su estilo de vida y sobre lo verdaderamente
importante, que las organizaciones deberíamos ayudar
a encauzar. Por eso, es importante facilitar la reflexión
de los voluntarios en torno a los dilemas que van experimentando,
así como que haya espacios en los que ofrecerles
periódicamente un feed-back sobre su desempeño.
Todos necesitamos tener referencias que nos indiquen lo
que estamos haciendo bien y lo que podríamos hacer
mejor.
Otro punto importante, para la motivación, es tratar
de diseñar y definir tareas y puestos de voluntariado
que sean en sí mismos atractivos para ellos. A
veces tendemos a dejarles los trabajos más tediosos
y aburridos. Esto, obviamente, supone pensar un poco,
con lápiz y papel, a la hora de planificar las
tareas en los proyectos.
En segundo lugar, las organizaciones deberíamos,
en la medida de lo posible fomentar el encuentro entre
voluntarios y usuarios. Con ello conseguiremos no sólo
la motivación-implicación del voluntario,
sino que también fomentaremos la motivación
y autorrealización de los usuarios, y como no,
la empatía entre ambos colectivos.
Además, la motivación y la empatía
hacen mucho más fácil la resolución
de todos esos conflictos que aparecen en las organizaciones
y tienen la virtualidad de atraer la atención de
todos y de poner al descubierto los "fallos del sistema".
Tener la capacidad de convertir los problemas en oportunidades
y reconocerlos como una fortaleza, antes que una debilidad,
nos ofrecerá múltiples oportunidades de
mejora y aprendizaje.
Para terminar, creo que también debemos tratar
de recuperar la utopía como horizonte de sentido
del voluntariado: situar la tarea concreta del voluntario
como aportación esencial a un plan global de cambio
social que aporte un sentido especial a su labor.
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