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¿Quién
teme ser evaluado? |
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Por Víctor Pinto (Consultor de Ágora Social)
Todo el mundo está
de acuerdo en que es necesario evaluar la labor y el funcionamiento,
sin embargo, surgen dudas y temores.
Todo el mundo está de acuerdo en
que es necesario evaluar la labor y el funcionamiento
de una organización no lucrativa para su mejora
continua. Sin embargo, cuando se pretende evaluar al personal
surgen grandes dudas y temores, tanto entre los directivos
como entre el resto de profesionales.
En algunos casos, temor ante el impacto
que pueda tener en el clima laboral. En otros, preocupación
sobre cómo afectará la evaluación
a sus condiciones laborales y a su futuro dentro de la
organización.
Lo cierto es que tales temores pueden
estar justificados. Con frecuencia se ha utilizado la
evaluación del desempeño con una óptica
muy restrictiva, sólo vinculada a la retribución
y a la promoción. O peor aún, como pretexto
para despedir a trabajadores apoyándose en unos
resultados supuestamente objetivos.
Por otra parte, no será la primera
vez que una organización decide, con buena voluntad,
implantar un sistema de evaluación del desempeño
y debe retirarlo al no ser capaz de transmitir sus ventajas
a sus profesionales.
Sin embargo, si una organización
quiere tener unas mínimas garantías de que
alcanzará sus objetivos deberá saber valorar
correctamente el trabajo de sus profesionales.
La razón es simple. Las organizaciones
se orientan cada vez más por planes estratégicos
de los que se derivan objetivos de carácter muy
general. Estos objetivos suelen desglosarse, a su vez,
en objetivos anuales para toda la organización.
Cada departamento debe contribuir a la consecución
de estos objetivos mediante sus propios objetivos departamentales.
Por último, estos se despliegan en los correspondientes
objetivos de equipo e individuales.
Mediante este sistema se puede determinar,
si el proceso se realiza correctamente, cuál es
la contribución de cada persona a los objetivos
de su departamento, y por elevación, a los de la
organización.
Una vez determinados los objetivos, debemos
saber si somos capaces de conseguirlos. La organización
debe valorar no sólo si dispone de los recursos
necesarios, si no también si sus profesionales
tienen las capacidades necesarias para abordar los objetivos
con garantías de éxito.
Se trata, en suma, de poder responder
a estas dos preguntas: ¿cómo sabe cada persona
cuáles son las habilidades que debe desarrollar
y cuánto debe desarrollarlas para estar a la altura
de las circunstancias?
Y aquí volvemos al problema de
la evaluación del desempeño y a su impopularidad.
Ciertamente, a nadie le gusta que le digan
lo que hace mal. Y es que ahí está el problema.
Evaluar no equivale a "poner nota" al trabajo
de uno. Evaluar es, en primer lugar, valorar qué
hemos hecho bien para poder repetirlo. Supone también
identificar lo que no hemos podido conseguir y saber el
motivo.
Pero evaluar significa, sobre todo, entender
qué podemos mejorar en nuestra forma de relacionarnos,
de hacer nuestro trabajo, etc., para ser cada vez mejores
profesionales.
Si lo entendemos así, la evaluación
del desempeño pierde su presunto carácter
calificador. No supone un juicio sumarísimo, ni
mucho menos. Su resultado debe ser un acuerdo entre quien
realiza la evaluación y la persona evaluada sobre
cuáles son las áreas de mejora de ésta
última y las formas más adecuadas para llegar
al nivel de mejora que ambos pretenden.
Los beneficios son evidentes, pero me
gustaría destacar dos. Por una parte, el profesional
será capaz de abordar problemas más complejos
con el mismo esfuerzo, lo que hará más fuerte
a su organización y por otra, la organización
estará en disposición de retener a los profesionales
de mayor talento.
Un resultado adicional suele ser la creación
de canales de comunicación más eficaces,
resultando una comunicación más fácil,
fluida y, sobre todo, más sincera entre ambas partes.
De esta manera, la evaluación del
desempeño dejará de ser un problema más
con el que lidiar para convertirse en uno de nuestros
mejores aliados para lidiar con nuestros problemas.
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del desempeño y fidelización".
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