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  ¿Podemos formar el talento?  


Por Helena Provencio Díaz (Consultora de Ágora Social)

Una persona comprometida pone en práctica sus capacidades y obtiene resultados superiores. Para lograrlo la organización ha de fomentarlo.

Hace muchos años que oímos hablar de que las personas son el factor más importante de las organizaciones. Que si queremos avanzar y ser mejores en aras de conseguir los fines de nuestra organización tenemos que invertir en gestionar bien a las personas y su talento. Sin embargo, mi impresión es que a menudo las palabras se las lleva el viento.

No cabe duda de que el talento es el valor diferencial por excelencia de cualquier organización. Más aún, su futuro va a estar directamente relacionado con su capacidad para atraerlo, retenerlo y desarrollarlo.

Pero, ¿qué es un profesional de talento? Es una persona comprometida que pone en práctica sus capacidades para obtener resultados superiores en un entorno y organización determinados. Para lograrlo necesita estar en una organización que se lo permita y que le motive a hacerlo.

Una de las leyes naturales del talento es que obtiene los mejores resultados en las organizaciones que proporcionan las capacidades, herramientas y autonomía necesarias para el desempeño del trabajo. Si no lo hace corre el peligro de que sus profesionales con talento no encuentren alicientes a su trabajo, disminuyan su compromiso y terminen dejándola.

Imaginemos una organización que tiene una apasionante causa, una visión inspiradora y una estrategia clara para conducir su actividad; tiene las personas adecuadas y ha forjado buenas relaciones con proveedores. Lanza una campaña dirigida a sus socios y colaboradores, pero no sale bien. Los directivos y personas al cargo no muestran suficiente espíritu emprendedor; son demasiado lentos a la hora de responder a las demandas de los socios; resulta difícil coordinar las actividades de los departamentos; la toma de decisiones es fragmentada y los tiempos se demoran; los costes se disparan; etc.

Cabe preguntarse ¿he puesto a las personas equivocadas en los cargos críticos? Muchas veces la causa no reside en las personas. Lo que hace falta es crear una organización capaz de gestionar todo eso con eficacia y eficiencia.

La mayoría de las organizaciones tienen una metodología para el desarrollo de su trabajo. Suelen ser innovadoras en este campo. Sin embargo, no son tan innovadoras cuando se trata de gestionar personas.

Gestionar bien los factores que facilitan la retención del talento es vital para el desarrollo de la organización. El liderazgo, el clima laboral, la cultura y los valores, los procesos de selección y fidelización de empleados, la organización del trabajo, los sistemas de relaciones, los planes de carrera y la retribución son algunos de ellos. Dirigidos adecuadamente, refuerzan el compromiso y la motivación de los profesionales. No gestionados, se convierten en auténticas barreras y en causas de rotación.

En este contexto, la formación desempeña un papel fundamental. Según un estudio de APD y Hay Group, el principal motivo de atracción y retención del talento es el desarrollo profesional. Resulta, pues, concluyente que si se proporciona a los profesionales de talento un entorno apropiado que les permita mejorar y crecer de acuerdo a sus necesidades y capacidades, permanecerán más tiempo en la organización.

No hablamos de una formación aislada y esporádica. Lamentablemente, es lo que se lleva. Concebimos la formación dentro un sistema mucho más amplio de gestión de los recursos humanos. Difícilmente podemos formar si no tenemos un mínimo desarrollo de las competencias y funciones requeridas para cada puesto de trabajo; no podemos ver la utilidad de la formación si no tenemos ningún sistema de valoración del desempeño o de planes de carrera.

Un buen plan de formación integrado en la política de recursos humanos de la organización es uno de los pilares básicos para gestionar el talento. Corrige las carencias y dificultades que las personas encuentran en el desempeño de su trabajo y, sobre todo, les abre las puertas de su desarrollo profesional.

 

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