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  ¿Cuándo conviene contratar a un recaudador de fondos?  


Por Agustín Pérez (Director de Ágora Social)

Una organización debe cumplir varios requisitos para dar este importante paso en las mejores condiciones para que el nuevo puesto dé resultados.

La respuesta puede parecer sencilla: cuanto antes se pueda, mejor. Pero la cosa no es tan simple. Una organización debe cumplir varios requisitos para dar este importante paso en las mejores condiciones para que el nuevo puesto dé resultados.

La razón más obvia es que la organización no obtenga suficientes recursos con el personal existente y tenga la convicción de que existe un potencial de recaudación que no está siendo aprovechado. A menudo una organización empieza por confiarle esta tarea a la gerencia o a otro personal a su cargo que cubre también otras funciones. En ocasiones se apoyan en la colaboración de voluntarios, ya sean los miembros del órgano de gobierno u otros dedicados únicamente a este propósito. Pero llega un momento en que estas personas no dan más de sí, y se necesita dar un salto cualitativo en la generación de ingresos.

No hay que esperar a que la organización se encuentre en una mala situación financiera para decidirse. Al contrario, éste será un mal escenario, porque un recaudador de fondos en una organización con graves problemas económicos puede verse sometido a una presión excesiva, se verá tentado a adoptar un planteamiento cortoplacista de su trabajo y es probable que la dirección no tenga paciencia suficiente para aguantar la travesía en el desierto que suponen casi siempre los comienzos de un programa de recaudación.

A la constatación de la necesidad debe acompañarle la voluntad decidida de hacer un mayor esfuerzo por recaudar y asumir la responsabilidad que ello supone: no sólo conlleva una apuesta económica sino que con frecuencia también un recaudador de fondos profesional es el catalizador de una transformación de la organización, sobre todo en la manera de comunicarse con el exterior. Tiene que haber un clima político favorable, ya que en ocasiones los recaudadores de fondos tienen que trabajar en organizaciones con una cultura interna reticente hacia la captación de fondos. Sobre todo, debe estar convencido el órgano de gobierno de la conveniencia de dar este paso.

La tercera condición es tener suficiente dinero para pagar a un profesional experimentado. Es muy difícil conseguirlo, ya que en España escasean, sobre todo profesionales con un perfil generalista. Así que puede decirse que tendrás lo que puedas pagar. A menudo habrá que conformarse con personas con experiencia en marketing o publicidad comercial. Si tienen un gran bagaje y madurez profesional, pueden hacerse rápidamente con la tarea.

No sólo tienes que tener dinero para pagar a un buen profesional, sino también para dotarle de los recursos suficientes para realizar las acciones de captación, que pueden resultar muy costosas. Así que no hay que esperar a estar con el agua al cuello para decidirse. Por el contrario, hay que hacerlo cuando las finanzas de la entidad estén saneadas.

La captación de recursos también puede ser desarrollada por consultoras u otras empresas de servicios especializados (por ejemplo, en captación de socios cara a cara o por teléfono), o por profesionales liberales con experiencia en este campo. Estos profesionales externos pueden ayudar a la organización tanto a diseñar su estrategia como a llevar a cabo acciones concretas.

Lo ideal es probablemente combinar recursos de ambos tipos. No es bueno externalizar completamente la captación de recursos por tiempo indefinido. Puede producirse una excesiva pérdida de control sobre una función tan crítica para el sostenimiento de la organización como ésta. Pero querer hacer todo con personal interno es ilusorio. Ni siquiera las organizaciones más grandes tienen personal suficiente para todo lo que se proponen hacer y que sepan hacer de todo. Por otra parte, convertir en variables parte de los costes de personal en este campo constituye una precaución financiera frente a las fluctuaciones que se producen en la generación de ingresos.

Estos profesionales, si son verdaderamente experimentados, pueden ahorrarle a la organización muchos fracasos o un uso poco eficiente de sus recursos. Su bagaje les permite saber qué es lo que funciona y qué no. Y se preocupan no sólo de conseguir los mejores resultados sino de hacerlo al menor coste posible. Pero no son infalibles. Por ello y por su ética profesional no suelen admitir una remuneración variable en función de sus resultados. Este tipo de prácticas es una fuente de conflictos potenciales y un poderoso factor para que el programa de captación de fondos se oriente en beneficio del profesional externo en lugar de servir a la organización. La remuneración por resultados es admisible sólo en forma de incentivos complementarios a unos honorarios mínimos o para pagar determinados servicios en los que esta práctica sí es común (agencias especializadas en captación de socios cara a cara y en marketing telefónico).

Puedes dudar si es mejor recurrir a personal interno o externo, pero de lo que no cabe ninguna duda es que esta labor debe estar profesionalizada. Una organización no puede permitirse el lujo de confiar esta importante función a aficionados. Lo menos que le puede ocurrir es que pierda el tiempo sin conseguir gran cosa. Lo peor, que dilapide su dinero en operaciones ruinosas. Por eso conviene que el programa de captación de recursos sea gestionado por personal bien formado y con dedicación plena. Los voluntarios también pueden desempeñar un papel muy importante, pero el hecho de que no cobren por ello no significa que deban realizar su labor de la manera más profesional que sea posible.

 

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