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  La gestión reactiva del voluntariado:
pan para hoy y hambre para mañana.
 


Por Isabel Pino (Formadora de Ágora Social)

La ineficacia y la ineficiencia son una importante fuente de desilusión para el voluntariado.

A menudo se escuchan opiniones que oponen la búsqueda de la máxima eficacia en la gestión con los valores y la motivación del voluntariado. Creo que, al contrario, la ineficacia y la ineficiencia son una importante fuente de desilusión para estas personas. Ofrecen su tiempo y su esfuerzo para intentar cambiar algo que les disgusta o que consideran mejorable. No lo hacen por mero entretenimiento.

La eficacia y la eficiencia son condición necesaria pero no suficiente en la gestión del voluntariado. Una gestión eficaz debe ayudar a reforzar la ideología y los valores. A promover la reflexión y la utilidad de las actuaciones para los fines de la organización.

Los datos más recientes sobre el voluntariado en España muestran un cambio en el perfil y el tipo de voluntariado que se busca. Las organizaciones tienen cada vez más problemas para encontrar personas que se comprometan de forma duradera con la organización. El debate está abierto: ¿debemos adaptar los puestos ofertados a estos voluntarios menos comprometidos o debemos quedarnos sólo con los que cumplan los requisitos? ¿Debemos pedir a las personas que colaboren o debemos dejar que sean ellas las que se acerquen a nosotros?

La experiencia diversa de las organizaciones muestra que cada una debe analizar y revisar periódicamente su situación concreta. La falta de este análisis ha llevado a muchas organizaciones a trabajar de forma reactiva. Su actuación es espontánea, reaccionan a los acontecimientos de forma improvisada. Esta forma de trabajo "para salir del paso" tiene un alto precio, ya que una de sus primeras consecuencias es el descuido de la gestión de las personas voluntarias y contratadas.

Una idea extendida es que la sistematización del proceso lleva a una burocratización y a una pérdida de la espontaneidad y la cercanía con los voluntarios, a la "deshumanización" de las relaciones. Esto me recuerda a las relaciones de pareja en las que uno de ellos justifica su falta de entusiasmo con la idea de que la relación debe ser espontánea, no obligarse a tener detalles amorosos en fechas fijas, etc. El resultado más frecuente es la dejadez y la indiferencia por los sentimientos de la otra persona.

Cuando sistematizamos el proceso de gestión de voluntariado garantizamos la atención de todos los voluntarios, no sólo de aquellos que destacan más, bien por su dedicación o bien por sus características personales. Cuando no establecemos un proceso de gestión, nos olvidamos de personas que son más tímidas o discretas. En el mejor de los casos, nos damos cuenta de su utilidad cuando se marchan de la organización. En el peor, no nos enteramos de que se han marchado.

¿Para qué derrochar energías en buscar voluntarios que se van a marchar en breve? ¿Qué idea tienen estas personas de la organización y qué van a transmitir a otros? ¿Qué debemos mejorar? ¿La selección? ¿El proceso de incorporación? ¿El seguimiento de su integración? Necesitamos responder a estas cuestiones antes de emprender la búsqueda. De lo contrario, no sólo quemaremos a los voluntarios, también desanimaremos a los gestores y responsables de programas que ven frustradas sus expectativas constantemente.

Una primera pista para elaborar el perfil que buscamos nos la puede dar nuestro propio voluntariado. Debemos saber qué es lo que les mantiene en nuestra organización, cuáles son sus motivaciones y expectativas. Cuando la organización abarca diferentes áreas de trabajo, tenemos que identificar los diversos perfiles que componen la organización. Esto implica que buscaremos a personas diferentes, en distintos lugares y con motivaciones diferentes para una misma organización. Identificar el perfil que buscamos nos dará la clave de dónde, cómo y cuándo buscar a los posibles voluntarios.

Conocer los motivos por los que se marchan los voluntarios nos permite analizar nuestra gestión. ¿Hay una falta de adecuación de la persona con la tarea? ¿Está bien definido el perfil que se necesita para llevar a cabo esa labor? ¿Reciben una formación suficiente? ¿Realizan tareas que les interesan? ¿Les informamos de los resultados de su trabajo? ¿Tienen apoyo suficiente o están "abandonados a su suerte"?

Para responder a estas cuestiones necesitamos disponer de información actualizada. Si nos importan las personas, nos preocuparemos por conocer sus inquietudes, su grado de satisfacción en la organización, lo que esperan de su actuación (ideales, valores, autoestima, etc.) y de las relaciones personales con otros miembros de la entidad. Cuando nos importan las personas, no buscamos sólo mano de obra gratuita, buscamos personas con las que compartir un objetivo y una forma de estar en el mundo.

 

Envíame tu opinión sobre este artículo (isabel.pino@agorasocial.com). Si te parece interesante y tienes un sitio web y/o un boletín electrónico, puedes publicarlo, siempre que indiques "Publicado en www.agorasocial.com".

 

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