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El
sitio web corporativo: Una odisea en el ciberespacio |
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Por Agustín Pérez (Director de Ágora
Social)
Si no quieres que las máquinas
te controlen, deja el aspecto tecnológico para
el final y ten muy claro para qué y para quién
construyes el sitio.
¿Tu organización controla
la tecnología que utiliza o ésta controla
tu organización? Recordarás la película
"2001", de Stanley Kubrick, en la que una supercomputadora
con la que se gestiona el funcionamiento de una estación
espacial se hace con el gobierno de la misma, rebelándose
contra sus creadores humanos. Algo parecido sucede en
las organizaciones cuando la complejidad de la tecnología
desborda sus capacidades y en vez de ser útil para
el cumplimiento de su misión se convierte en objeto
de servidumbre.
Puede pasarnos con nuestra base de datos
de gestión de socios y donantes, cuyos problemas
de funcionamiento pueden consumir muchas de nuestras energías.
O con el nuevo sistema de gestión integral de tipo
ERP, que puede causarnos grandes quebraderos de cabeza
si no hemos planificado bien sus requerimientos de información.
Puede pasarnos incluso con algo tan sencillo, comparado
con los anteriores ejemplos, como es nuestro sitio web.
Vamos a centrarnos en este último
caso. ¿Qué podemos hacer para que nuestro
sitio web esté a nuestro servicio en lugar de que
nosotros trabajemos para él? En primer lugar, definir
los objetivos del sitio. Luego, establecer cómo
lo vamos a mantener y promover. Finalmente, elegir la
infraestructura tecnológica.
Definir sus objetivos
Parece evidente que éste debe ser
el punto de arranque lógico. Solemos hacer muchos
planes con propósitos variados. Sin embargo, cuando
se trata del sitio web muchas organizaciones se echan
a la carretera sin saber adónde van. Así,
suelen decidir qué infraestructura técnica
van a utilizar (qué servidor, qué proveedor
de alojamiento, qué herramienta de desarrollo del
sitio) antes de establecer qué contenidos va a
tener y, sobre todo, qué objetivos va a perseguir
que satisfagan las necesidades de la organización.
Es como si concibiéramos una revista
o boletín y, en vez de preguntarnos primero qué
queremos contar en ella y para qué, decidiéramos
sobre sus tintas, su formato y tipo de papel o el sistema
de impresión que se utilizará.
La cuestión esencial es de qué
forma el sitio contribuirá al cumplimiento de la
misión de la organización. Todas las demás
preguntas vienen después.
Mantenimiento y promoción
Si el primer error suele ser concebir
el sitio desde un punto de vista técnico, el segundo
es no planificar su desarrollo. El sitio es creado, todo
el mundo lo celebra, pero no se ha previsto adecuadamente
cómo va a mantenerse con unos contenidos vivos,
interesantes, integrados con las actividades de la organización.
O bien la información no se actualiza, convirtiéndose
en un sitio estático que se visita una vez pero
no más, o bien el sitio crece desordenadamente,
con informaciones que compiten entre sí por falta
de jerarquización, como resultado de que todo el
mundo mete mano ya que piensa que lo suyo es lo más
importante.
El plan debe contemplar también
cómo se va a mantener el sitio: quién es
el responsable último, quién contribuirá
a sus contenidos, cada cuánto tiempo aproximado
se renovará la información, quién
se ocupará de subir los contenidos a la Red, etc.
La integración de los contenidos con las actividades
de la organización es la clave para evitar que
la información publicada quede obsoleta o sea siempre
la misma, lo cual ahuyenta a los navegantes.
Y también se debe prever, aunque
sea en líneas generales, cómo se van a promover
las visitas al sitio. Ya puede contener información
de gran calidad que, si no se atrae la atención
del público, la posibilidad de que alguien te visite
es ínfima a menos que la organización tenga
una gran notoriedad y su información sea buscada
espontáneamente por los internautas. Hay mucha
gente que cree que Internet es mágico, que con
sólo estar presentes en la Red tu sitio recibirá
visitas.
Infraestructura tecnológica
Ahora que has establecido los objetivos
y necesidades que quieres cubrir con el sitio, que has
visto con qué recursos cuentas y cómo lo
vas a gestionar a largo plazo, es el momento de elegir
la infraestructura tecnológica. La elección
deberá, naturalmente, atender a las necesidades
de la organización. Pero estará condicionada
por los recursos disponibles. Pregúntate: ¿con
qué frecuencia tenemos que actualizar el sitio?
¿Disponemos de un diseñador gráfico
especializado en diseño web? ¿Contamos con
alguien capaz de maquetar los contenidos y/o de programar
aplicaciones? ¿Y con alguien que se ocupe del mantenimiento
técnico?
Construir un sitio web puede resultar
una labor dificultosa y confusa. Si no quieres que las
máquinas te controlen, deja el aspecto tecnológico
para el final y ten muy claro para qué y para quién
construyes el sitio. Ante todo, es una herramienta de
comunicación como las demás. Por tanto,
no debe dejarse en manos de los técnicos, como
no se le confía la edición íntegra
de la revista al que sabe de artes gráficas. Deja
claro quién manda si no quieres que la tecnología
imponga su lógica y el medio se convierta en fin.
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este artículo (agustin.perez@agorasocial.com).
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