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  Empresas y ONG: un matrimonio de conveniencia  


Por Agustín Pérez (Director de Ágora Social)

Las ONG piensan que las empresas son tacañas. Éstas que las ONG son pedigüeñas e insaciables. Empresas y ONG deben superar sus roles tradicionales.

Todavía tiene que pasar mucho tiempo, creo yo, para que la filosofía de la responsabilidad social corporativa sea genuinamente asumida y no sea sólo un dictado de la moda empresarial. Una plasmación de esta filosofía es una mayor implicación de la empresa en la acción social y en las alianzas estables con ONG. No meramente en acciones puntuales de marketing con un barniz social. Podemos decir que abundan los ligues de una sola noche y que algunos han llegado al matrimonio más por conveniencia que por amor.

Las empresas y las ONG se conocen poco. Los directivos de unas y otras son gente por lo general muy disímil, que no comparte la misma visión del mundo. Pueden tener también diferentes estilos a la hora de trabajar o de tomar decisiones. Pero el problema básico de la relación ONG-empresa es de confianza.

Las ONG piensan que las empresas son tacañas. Éstas que las ONG son pedigüeñas e insaciables. Empresas y ONG deben superar sus roles tradicionales. Las ONG deben ser más flexibles, más pragmáticas, menos dogmáticas. Deben superar su tendencia a ver a las empresas como enemigos, acostumbradas a denunciar sus desmanes. Por su parte, las empresas deben evitar la tentación de establecer acuerdos leoninos con las ONG, pensando que estarán conformes con cualquier cosa que se les dé, como un mendigo debe agradecer toda limosna.

Cada vez existen más foros en los que unas y otras pueden reunirse para conocerse. También se prodigan las ocasiones en las que pueden aprender por su propia experiencia práctica. Entre tanto se van acercando ambos mundos, podemos servirnos de cinco consejos para ganar esa confianza que nos falta.

En primer lugar, recurre a consultores especializados que suplan este déficit de conocimiento. Además de conocer el ideario y las actividades de la otra parte, lo más difícil es valorar si son confiables y saber cómo pueden aprovechar sus mejores atributos de imagen.

Una vez que os hayan presentado, estableced unas claras reglas del juego. No sólo de los términos de la operación concreta, sino de las relaciones en general. Por ejemplo, ¿puede criticar públicamente la primera a la segunda si surge un motivo para ello mientras están colaborando? ¿Puede la ONG relacionarse con otras empresas que compiten con aquella a la que ha asociado y aprovechar el conocimiento que tiene de su estrategia comercial?

Dejad claras las expectativas. Empresas y ONG, además de una distinta naturaleza, a menudo entran en conflicto. Para compenetrarse bien es necesario, paradójicamente, reconocer con franqueza los intereses y las diferencias. Sólo con sinceridad y respeto de las motivaciones de cada parte se pueden gestionar las expectativas mutuas y evaluar con objetividad los resultados.

Véndelo bien internamente. Una prometedora relación se puede malograr porque dentro de la ONG o de la empresa hay personas que no están de acuerdo con la naturaleza o los términos de la relación. No se debe descuidar la forma en que se comunica esta colaboración dentro de la organización para prevenir la aparición de detractores que den al traste o envenenen la relación.

Preved una estrategia de salida. Si, aun con todo lo anterior, las cosas no marchan bien, conviene poner término de la relación del modo menos perjudicial para ambas partes. Sobre todo de manera que no afecte a la imagen pública. Por este motivo, mejor que improvisar cómo poner fin a la relación cuando ésta se ha deteriorado es haber previsto, como parte del acuerdo de colaboración, las reglas para un divorcio civilizado.

 

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