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Cómo
estar bien informado sin sufrir una indigestión |
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Por Agustín Pérez (Director de Ágora
Social)
En lugar de estar mejor
informados, corremos el riesgo de sufrir lo que alguien
llamó una "infoxicación".
Internet ha producido una explosión
de información. Cada usuario tiene una media de
tres cuentas de correo electrónico para uso profesional
y personal. A menudo, las bandejas de entrada se encuentran
rebosantes de mensajes que esperan ser leídos.
Entran a un ritmo superior al de nuestra capacidad para
leerlos con atención y darles curso. En lugar de
estar mejor informados, corremos el riesgo de sufrir lo
que alguien llamó una infoxicación.
Al igual que no por comer mucho se está
mejor nutrido, acumular información de manera poco
selectiva no alimenta nuestra mente, sino que la indigesta.
En esta sobrealimentación informativa tienen mucho
que ver los boletines electrónicos. Cuando visitamos
un sitio web de interés que nos ofrece un boletín
electrónico, enseguida nos registramos para recibir
periódicamente sus novedades. Así, sin darnos
cuenta, acumulamos una gran cantidad de boletines, a la
mayoría de los cuales les prestamos poca o inclusa
ninguna atención. Un estudio realizado en los EE.UU.
sobre boletines de la más diversa naturaleza reveló
que el tiempo medio dedicado a cada uno de ellos es de
¡51 segundos!
Cuando un boletín tiene el privilegio
de ser abierto, más que leerse con detenimiento,
se ojea y a lo sumo se lee entero uno o varios de sus
contenidos, pero raramente todos. Digo que es un privilegio
porque muchos boletines se acumulan sin ser leídos
hasta que nos da por hacer limpieza general o duermen
en "viejas" cuentas que se examinan esporádicamente.
Una de las cuentas que más pereza
me da examinar es una destinada a mi trabajo como voluntario.
Como no tiene un filtro del correo basura, me paso la
mitad del tiempo que estoy en ella deshaciéndome
de esta contaminante información. Y eso que ni
siquiera tengo que abrir los mensajes para saber que no
me interesan.
Otra práctica que convierte en
tóxica la información es la mala costumbre
de enviar correos electrónicos con copia a personas
que no son destinatarios indispensables. Es muy fácil
seleccionar nombres de una lista y enviar nuestro mensaje
a mucha gente para que todos se enteren de lo que estás
haciendo, de tus planes o de tus opiniones. Un caso típico
es el de una persona que convoca a otras nueve a una reunión
pidiéndoles confirmación de asistencia y
muchos de los convocados responden no sólo al organizador
sino a todos los demás. De esta manera el buzón
se llena de mensajes cruzados de escasa utilidad que pueden
distraerte de atender los verdaderamente importantes o
urgentes.
Entre los mensajes personales, los boletines
electrónicos y los muchos sitios web interesantes
que reclaman nuestra atención, sin contar con los
medios tradicionales de información, las personas
pueden encontrarse abrumadas por la cantidad de información
que tienen que procesar. Además de obstaculizar
el uso eficiente de su tiempo, es causa de estrés
que puede llegar a producir una crisis de ansiedad.
Al problema de cómo metabolizar
tal cantidad de información, se suma el hecho de
que buena parte de ella es poco nutritiva. Cuando procesamos
muchos mensajes con poco detenimiento, tenemos la impresión
de que nos estamos informando, pero en realidad la información
que asimilamos es muy escasa. Es lo mismo que cuando comes
deprisa, sin masticar los alimentos, impaciente por acabar.
Y aún le sacamos menos provecho si la información
es mediocre o mala: en Internet abundan los artículos
llenos de generalidades y tópicos muy sobados,
las noticias de segunda y tercera mano, los informes poco
contrastados, los expertos sólo reconocidos por
ellos mismos.
Un estudio sobre los contenidos web afirma
que si muchos sitios redujeran el texto que publican a
la mitad se duplicaría la información que
obtendrían los usuarios. Esta aparente paradoja
se explica por la sencilla razón de a muchos sitios
les sobra verborrea, podrían decir lo mismo con
la mitad de palabras y con ello el usuario sacaría
más provecho ahorrándose la retórica
superflua.
Si quieres mantener un comportamiento
saludable a la hora de informarte y de formarte, sigue
nuestros consejos "nutricionales":
- Infórmate con frugalidad,
escogiendo sólo las mejores fuentes de información,
las que verdaderamente te resultan útiles o
esclarecedoras.
- Mantén una dieta equilibrada,
consumiendo no sólo noticias u otras informaciones
perecederas, sino también información
de fondo y análisis que te ayuden a profundizar
en las cuestiones relevantes para ti.
- Destina espacios de tiempo regulares
a mejorar tu información, sobre todo a la que
te exige reflexión personal. No lo hagas a salto
de mata ni te empeñes en batir tu marca personal
de lectura rápida.
- No quieras formarte a base de píldoras.
Los microcursos, los resúmenes de libros o de
informes y demás contenidos extractados están
muy bien. Pero son un complemento. No pueden ser la
base de tu formación.
La revolución cibernética
pone a nuestro alcance una ingente cantidad de información.
La clave de su aprovechamiento no reside en consumirla
con glotonería, sino en tomar la que necesitas
en cada momento y digerirla reposadamente para asimilar
al máximo sus propiedades.
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este artículo (agustin.perez@agorasocial.com).
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