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Formarse
o perder el tiempo, esa es la elección |
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Por Helena Provencio (Consultora de Ágora Social)
Los expertos en formación
de adultos dicen que éstos sólo aprenden
si quieren y creen que lo necesitan.
"No existe nada más inútil
y poco efectivo que pretender aprender conocimientos,
destrezas, habilidades y creatividad desde la cómoda
posición de un espectador pasivo". Suscribo
las palabras de un experto en formación que puso
el dedo en la llaga.
Por más que nos cueste reconocerlo,
hemos de admitir que gran parte de nuestra educación
formal, desde el colegio a la universidad, ha sido una
soberana pérdida de tiempo. Hemos olvidado gran
parte de lo que "aprendimos" y una buena parte
de lo que hemos retenido no nos sirve para la vida laboral.
Y es que mucha de la formación
que existe sirve para poco más que para hacer amistades
y obtener los tan deseados títulos. ¿Sucede
lo mismo con la formación continua de los profesionales
en activo? Y más específicamente, ¿es
adecuada la formación que recibe el personal de
las organizaciones no lucrativas?
Los expertos en formación de adultos
dicen que éstos sólo aprenden si quieren
y creen que lo necesitan. Parece una perogrullada, pero
lo cierto es que esta simple verdad a menudo no se tiene
en cuenta. También dicen que la mente se queda
ensimismada en 10 minutos si no le damos algo interesante
que la estimule. Y que un año después de
haber dado un mensaje, éste sólo es recordado
en un 10%. ¿A que has tenido estas experiencias
en muchas ocasiones?
El método tradicional de enseñanza
al que nos hemos visto abocados desde pequeñitos
ha sido siempre un método basado en el paradigma
de "enseñar diciendo", en el que los
participantes somos meros espectadores de una función
aburrida y poco práctica cuyos contenidos, para
colmo, debemos tratar de memorizar.
Es más, estamos tan acostumbrados
a este patrón que sólo cuando tenemos la
oportunidad de experimentar otras cosas nos damos cuenta
del salto cualitativo que existe entre el paradigma tradicional
y el nuevo, basado en "aprender haciendo". Éste
fomenta la participación y la reflexión
de las personas a partir de su experiencia para que, como
Sócrates decía, descubran la verdad que
tienen dentro.
Incluso me atrevería a decir que,
debido a esos vicios heredados, los primeros contactos
que tenemos con ese nuevo enfoque resultan chocantes y
casi molestos. Lo cierto es que no nos han enseñado
ni estamos acostumbrados a esforzarnos durante las horas
de formación, salvo para coger apuntes con los
que poder pegarnos el atracón uno o dos días
antes del examen.
Como formadores, nos topamos a menudo
con estas resistencias iniciales, fruto de la "mala
educación". A mucha gente le da pereza ponerse
a trabajar en grupo en el aula o le da vergüenza
plantear sus ideas en un foro online. A otros, sencillamente
les rompe sus esquemas. Sin embargo, al final valoran
el que se les haya estimulado a tomar un papel activo.
Nuestro empeño es aportar una formación
por encima de todo útil, aplicable al puesto de
trabajo y que se adapte a un público exigente y
con poco tiempo. El profesional activo de una ONL, sea
asalariado o voluntario, no puede permitirse dilapidar
un bien tan escaso hoy día como es su tiempo.
Cuando te preparas para ser formador,
te enseñan un mundo ideal en el que el alumnado
está siempre dispuesto al aprendizaje y a lo que
éste conlleva (nuevas responsabilidades, esfuerzo,
dedicación). Pero esto no siempre sucede. En muchos
casos, lo que se busca en un curso es una solución
inmediata y eficaz con un coste personal muy bajo en términos
de esfuerzo y compromiso de mejora personal.
Lamentablemente, los milagros no existen.
La buena formación abre una puerta a un camino
inexplorado que es responsabilidad del alumnado recorrer
en profundidad. Eso es lo que le llevará a encontrar
sus propias respuestas, las únicas válidas,
porque sólo él o ella conoce la dimensión
completa de sus problemas y el entorno en el que ocurren.
Por otra parte, están las ONL que
contratan la formación de su personal y que a veces
pretenden resolver sus problemas estructurales endémicos
al coste de 20 horas de formación, en lugar de
afrontar un proceso de cambio interno que es lo que necesitarían.
Es mucho más fácil responsabilizar a una
"mala formación" de la ausencia de mejoras
que asumir que la orientación estratégica
de la organización no funciona o que no es la adecuada
para su equipo humano.
¿Significa esto que la formación
no sirve para nada? La respuesta es un no categórico.
La formación tiene un poder de mejora enorme tanto
para los individuos como para las organizaciones cuando
es bien utilizada. Cuando entre todas las partes (organización,
alumnos, consultora de formación) existe honestidad
y voluntad de trabajo.
Por eso, creemos y tratamos cada día
de poner en marcha una formación basada en el binomio
honestidad-competencia. Una formación en la que
se adquieran conocimientos, destrezas, habilidades y creatividad
desde la, a veces incómoda, posición de
un espectador activo.
Proponemos una formación eminentemente
práctica, basada sobre todo en la resolución
de problemas, en el estudio de casos reales extraídos
de la actividad laboral particular. Para que pueda enfrentarse
la toma de decisiones y la solución de situaciones
no previstas.
Preferimos un enfoque que se aparte de
la simple recepción de información y se
vincule estrechamente al ámbito del "saber
hacer" mediante el uso de técnicas de tipo
activo (coloquios, dinámicas de trabajo individual
y en grupo, simulaciones, visualización de fragmentos
de películas, etc.) que exijan una implicación
directa del participante para alcanzar las metas propuestas.
Queremos que nuestros formadores, a partir
de los conocimientos, nivel y expectativas manifestadas
al comienzo de la formación, adecuen la impartición,
el nivel de dificultad y la distribución del tiempo
a las necesidades concretas del grupo.
Utilizamos espacios de impartición
adecuados, así como materiales, medios y recursos
didácticos variados que ilustren de forma sencilla
e intuitiva los temas que se quieren aprender o perfeccionar.
Aportamos un material didáctico
de apoyo que incluye, además de la documentación
propia del tema a tratar, bibliografía actualizada
y vigente en el mercado, para que una vez finalizada la
acción, sirva de consulta y/o de ampliación
de conocimientos.
En definitiva, tratamos de enseñar
a los participantes a resolver sus problemas laborales
y personales cotidianos mediante un proceso de aprendizaje
que favorezca el pensamiento reflexivo, crítico,
creativo y racional.
En todos los cursos siempre hay personas
que lo que pretenden es sentarse y alcanzar los objetivos
de la formación por una especie de ósmosis.
Pero también los hay que, con verdadero interés
y afán de superación, realizan un gran esfuerzo
personal y profesional por asistir a una clase tras una
jornada laboral maratoniana. No es tarea de Ágora
Social conseguirles la Luna a unos y a otros, pero sí
tratar de facilitarles las cosas para que, a través
de nuestra orientación y su propio esfuerzo, consigan
aprovechar al máximo la formación que reciban.
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