Ágora Social. Servicios intergrales para el tercer sectorAyudamos a las ONL a mejorar su capacidad para cumplir con su misión
 
 


*Principal

*Mapa web

*Misión y valores

*Agenda

*Servicios
*Comunicación
*Captación de recursos
*Legal y administrativo
*Formación
*Gestión de las personas

*Contenidos
*Informes
*Artículos
*Entrevistas
*Por temas

*Equipo humano
*Organización
*Equipo profesional
*Trabaja en Ágora

*Clientes

*Proyectos

 
Suscripción
Modificar datos - Darse de baja
Política de privacidad


Descarga nuestra presentación corporativa
 
Contacto

C/ Juan Bravo, 3-A
28006 Madrid
info@agorasocial.com
Nº de teléfono914 367 393
Nº de fax911 412 626



 
  Principal » Contenidos » Artículos    
 

  Una elección crítica  


Por Agustín Pérez (Director de Ágora Social)

El éxito de un director general depende de su formación, su experiencia profesional y las competencias en materia de empatía y habilidades sociales.

Una de las más importantes decisiones que debe adoptar el órgano de gobierno de una ONL o su dirección general es la selección de altos directivos, como puede ser el propio director general o un adjunto a este cargo. Se trata de una elección crítica por el gran impacto que puede tener para el crecimiento y la moral de la organización. Puede mejorar el desempeño de la organización, incrementar sus recursos e insuflar motivación en su personal. O, por el contrario, puede hacer que la organización haga un trabajo de menor calidad, que se estanque o vea reducidos sus recursos y que la moral de asalariados y voluntarios se hunda.

Si la elección no es acertada, resulta más difícil echar marcha atrás que en otros puestos de menor nivel. Primero porque cuesta más reconocer la equivocación. Pero también porque es difícil enfrentarse a una persona que ha acumulado una gran cuota de poder y que puede contar con un buen número de aliados. Tampoco resulta fácil encontrar candidatos alternativos que tengan talento.

No obstante lo arriesgado de esta decisión, no parece que las ONL adopten medidas especiales alternativas o complementarias a sus métodos habituales de selección. En parte esto puede explicarse por el desconocimiento de las técnicas de selección disponibles. También puede haber algo de sobrevaloración de la propia intuición en las entrevistas o de que se echa mano más de lo debido de personas previamente conocidas. Y un último factor puede ser que se atiende básicamente a los conocimientos y experiencia de los candidatos, para lo cual parece suficiente examinar sus currículos y realizar entrevistas en profundidad.

Pero el éxito de un/a director/a general o de su equipo directivo no depende exclusivamente de su bagaje educativo y de su experiencia profesional, sino también de las competencias en materia de empatía y habilidades sociales. Han de ser buenos creando equipos, motivando e inspirando con el ejemplo al personal, automotivándose, resolviendo conflictos, gestionando los cambios organizativos. En definitiva, han de ser buenos relacionándose consigo mismos y con los demás. Y esto no se puede evaluar adecuadamente mediante una entrevista.

Y hay algo más, de importancia crítica, que deben saber hacer: elegir bien a sus colaboradores siempre que tengan oportunidad de hacerlo. La razón más decisiva por la que fracasan algunos altos directivos es porque no han acertado a situar a las personas adecuadas en los puestos vacantes o no han reciclado a los colaboradores ya existentes que tienen un bajo desempeño o están lisa y llanamente "quemados".

La selección de un alto directivo no es tarea fácil. Dado que son puestos que suelen ser seleccionados de pascuas a ramos y teniendo en cuenta la movilidad de los voluntarios que integran los órganos de gobierno, los seleccionadores normalmente carecen de experiencia en este tipo de contratación. Esta falta de experiencia les lleva a menudo a elaborar un perfil demasiado exigente, ajeno a la realidad del mercado de trabajo. Se busca a un Batman o a una Lara Croft que se conforme con un sueldo por lo general modesto.

Influye más en la calidad del proceso quiénes evalúan a los candidatos que las técnicas que utilizan. Por eso es muy importante que se deje en manos de especialistas internos y externos partes importantes del proceso, como pueden ser la pre-selección por currículos, las entrevistas iniciales para cribar los candidatos a los que se someterá a pruebas, la elaboración y evaluación de tales pruebas y la preparación de los guiones de entrevistas, si no toman parte directa en éstas e incluso en la deliberación sobre la persona a elegir.

Un problema adicional es que muchas de estas selecciones se llevan a cabo con prisa, porque la persona que ocupaba el puesto ha sido despedida o se ha marchado de forma inesperada. La junta o el patronato están ansiosos por encontrar un sustituto y presionarán por una elección rápida, cuando lo conveniente puede ser realizar un análisis detenido de los problemas de la organización a fin de buscar a una persona idónea para asumir la dirección de la organización en ese preciso momento y teniendo en mente el rumbo estratégico que se quiere tomar. En lugar de buscar una persona con las competencias necesarias para ello, buscan a alguien parecido a la anterior pero sin sus defectos más sobresalientes. Además la organización debe tomarse tiempo para realizar una búsqueda externa e interna, evaluar en profundidad a los candidatos y contratar e integrar al mejor de ellos.

Y otro problema es que normalmente los evaluadores no están formados para llevar a cabo una tarea tan compleja. Pueden ser profesionales excelentes en su campo y tener muchos años de vida laboral a sus espaldas. Pero eso no les faculta para conocer los métodos con los que se puede valorar con rigor las aptitudes de los candidatos. De manera que deben apoyarse en personal especializado, sean de la plantilla o consultores externos. De no hacerlo así, es fácil que incurran en errores típicos, como realizar entrevistas sin la ayuda de un guión concienzudamente elaborado, guiarse por la apariencia de los candidatos y juzgarlos en términos absolutos (no de si encajan en el puesto concreto al que aspiran), dar por buenas las referencias sin mayor comprobación y seleccionar a personas parecidas a ellos.

También pueden producirse presiones políticas que resten equidad y transparencia al proceso. Puede que miembros de la junta o el patronato tengan a su candidato ideal entre sus amistades u otros contactos. Y que su "recomendación" no pueda ser desoída.

En definitiva, la selección de los puestos de alta dirección requiere que la organización se tome su tiempo y adopte todas las medidas necesarias para hacerla con el mayor rigor y objetividad. En una elección tan trascendente para el futuro de una organización, no se puede dar ningún paso en falso.

 

Envíame tu opinión sobre este artículo (agustin.perez@agorasocial.com). Si te parece interesante y tienes un sitio web y/o un boletín electrónico, puedes publicarlo, siempre que indiques "Publicado en www.agorasocial.com".

 

 


Política de privacidad

© 2004-2008 Ágora Social