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  ¿Crisis de confianza en las ONG?  


Por Víctor Pinto (Consultor de Ágora Social)

Tan ilusorio es presuponer que el sector está "vacunado" ante indeseables como injusto decir que las ONG abusan de la confianza de las personas e instituciones.

Cuando una organización considera los fondos como un fin en sí mismo, en vez de verlos como un medio para lograr sus fines, acaba por no ser capaz de aplicarlos en su totalidad.

Como dice un proverbio británico "el dinero es como el fertilizante: cuando hay demasiado, lo envenena todo". El problema es que no sólo afecta gravemente a las organizaciones que han acabado por convertirse en máquinas de captación de fondos, como hemos podido ver recientemente en los medios de comunica ción. También podría suponer una cierta crisis de confianza de la sociedad civil en las ONG en su conjunto.

Creemos que es muy difícil que en un sector de actividad tan heterogéneo y complejo como es el tercer sector no surjan situaciones similares con cierta frecuencia. Nadie puede garantizar que no se repitan hechos como los que han sido denunciados recientemente.

Sin embargo, tan ilusorio es presuponer que el sector está "vacunado" de la presencia de indeseables como injusto decir que las ONG abusan de la confianza y de la buena voluntad de las personas e instituciones malgastando el dinero que reciben o, aun peor, utilizándolo para el lucro particular de algunos de sus miembros.

No creemos que los sucesos recientes deban suponer una pérdida de la confianza del conjunto de la sociedad en las ONG, sin embargo, sí parece prudente reflexionar, siquiera brevemente, sobre cuál es la actitud deseable para mejorar la rendición de cuentas ante la sociedad y cuáles son las posibles medidas prácticas a llevar a cabo.

Todo el mundo está de acuerdo en que los mecanismos de control deben estar orientados hacia una mayor transparencia y capacidad para rendir cuentas de manera efectiva. Sin embargo, cuando se analiza cuál es la respuesta real de las ONG se encuentran, en la práctica, soluciones muy diversas. Incluso hay organizaciones que no respetan los códigos de conducta existentes.

Si estamos de acuerdo en que la rendición de cuentas no es ni más ni menos que la posibilidad de explicar lo que uno ha hecho, cómo ha utilizado los fondos recibidos y tener la capacidad de asumir los resultados de sus acciones, estaremos convirtiendo este concepto en algo manejable en la gestión de una organización.

Tradicionalmente, se vincula la transparencia y la rendición de cuentas a la implementación de unos procesos internos robustos, a la vinculación de los planes estratégicos con los planes anuales a través de indicadores, al diseño de procesos de control de los flujos de caja suficientemente sólidos, a la elaboración de sistemas de reporting que reflejen de forma sistemática los resultados de la organización, etc.

Sin embargo, nos ha llamado la atención la importancia que entidades de prestigio en su entorno como MANGO (Management NGO) o BOND (British Overseas NGOs for Development) dan a la participación en los procesos de toma de decisiones. Ambas organizaciones entienden la participación como un mecanismo que mejora la transparencia, al obligar a diseñar procesos y procedimientos internos bien delimitados y a utilizar sistemas de reporte fiables.

Pero también la consideran una buena medida para garantizar unos mejores resultados de los diversos programas y proyectos que realizan las ONG. En este sentido, ambas entidades consideran que la transparencia no debe ser sólo "hacia arriba", es decir, hacia los donantes privados u otros financiadores. También consideran que debe darse cumplida información a los beneficiarios de los proyectos -transparencia "hacia abajo"- e incluirlos en el seguimiento de los mismos como forma de mejorar el impacto a largo plazo de los proyectos.

Por nuestra parte, añadiríamos un colectivo que es quizá el más indefenso cuando se producen situaciones que ponen en cuestión el buen nombre de una organización: los propios trabajadores de las ONG. Es frecuente que las malas prácticas se realicen a espaldas de la inmensa mayoría de los trabajadores o, aun peor, que se les coaccione para mantenerse en silencio en el caso de que lleguen a conocerlas.

Más allá de si los casos recientemente aparecidos en la prensa son tan graves como parecen, casi todos tienen en común el hecho de que las decisiones importantes eran tomadas por un número muy reducido de personas. Fueron excluidos -en algún caso en concreto- hasta los propios equipos directivos.

Aunque algunos medios de comunicación han puesto en duda la eficacia de los mecanismos de calificación y control existentes, nosotros somos contrarios a un aumento de los sistemas de control a los que se someten las ONG.

La realidad es que los sistemas de control vigentes en la actualidad son más severos que, por ejemplo, los aplicados a las empresas privadas y un aumento en la complejidad de los mecanismos de justificación sería contraproducente para la propia eficacia de las organizaciones.

Sin embargo, creemos que una mayor participación de las personas pertinentes en la toma de decisiones mejorará la transparencia y los resultados de las organizaciones, reduciendo a la vez las oportunidades de fraude o mala utilización de los fondos de las ONG.

Para terminar, en la actualidad sólo el 12% de la población colabora económicamente con las ONG. Sin embargo, en los países de nuestro entorno dicho porcentaje se acerca al 50%. En nuestro país, la importancia del sector es cada vez mayor y su credibilidad muy elevada.

Creemos por tanto que la pregunta que las organizaciones deben comenzar a hacerse es la siguiente: ¿Están preparadas para rendir cuentas de sus resultados con un volumen de ingresos cinco veces superior?

 

Envíame tu opinión sobre este artículo (victor.pinto@agorasocial.com). Si te parece interesante y tienes un sitio web y/o un boletín electrónico, puedes publicarlo, siempre que indiques "Publicado en www.agorasocial.com".

 

 


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