

Por Teresa Aranguez (Consultora de Ágora Social)
Un documento mal redactado
puede dañar la imagen y los resultados de tu organización.
Esto se puede evitar desarrollando una mejor comunicación
escrita.
Escribir bien no es un don exclusivo de
unos privilegiados sino una destreza que todos podemos
adquirir con el tiempo. No hay que ser un profesional
del periodismo ni dedicarse a la literatura para redactar
buenos textos. Lo esencial es saber qué queremos
comunicar y hacerlo de manera clara y sencilla. Si logramos
que nuestro destinatario entienda con facilidad lo que
le exponemos, entonces hemos hecho un buen trabajo.
Ésta es una tarea ardua. Incluso
alguien tan habituado a escribir como el científico
Charles Darwin confesaba al final de su vida: "todavía
tengo la misma dificultad que antes para expresarme clara
y concisamente". La transmisión de mensajes
poco claros conlleva a la confusión de quien los
recibe y, en consecuencia, a los malos resultados. Cuántas
veces ha sucedido que un colaborador o colega tuyo no
ha cumplido tus indicaciones sólo por el hecho
de que no las comprendió bien.
Las ONG deben tener presente que la buena
comunicación escrita les ayudará a configurar
su imagen y alcanzar sus objetivos tanto dentro como fuera
de ellas. Externamente, se dan a conocer mediante la difusión
de sus ideas. Informan y sensibilizan a la sociedad sobre
cuestiones que consideran necesario promover o cambiar.
Si no lo hacen correctamente, nunca lograrán las
metas propuestas. A nivel interno sucede lo mismo. Una
propuesta razonable planteada a la dirección puede
ser rechazada por presentar un informe farragoso.
Quien redacta un escrito, sea del tipo
que sea (informe, memorando, nota de prensa), tiene un
papel clave en el proceso de comunicación. Su función
no es la de llenar páginas y páginas. Debe
meditar y ordenar las ideas para luego desarrollarlas.
Si, por ejemplo, está escribiendo un folleto para
una campaña que invita a la acción, además
de informar, también debe estimular, incluso emocionar.
El contenido de este material tiene que llamar la atención
e impactar.
Cuando se trata de documentos de carácter
interno, donde los objetivos son otros, la redacción
cambiará de tono y estilo pero conservará
la claridad. Por ejemplo, las indicaciones que nuestra
asociación dé a un proveedor a quien encargue
un trabajo han de ser lo más precisas posibles
para que éste entienda qué le estamos pidiendo.
Apliquemos en todos los escritos una regla básica:
nada de ambigüedades, expresiones vacías,
frases enjundiosas o palabras complicadas.
Algunos dirán que esto suena muy
bonito pero que su realidad es otra. La falta de tiempo
dentro de las organizaciones es lo que impide que sus
escritos tengan el cuidado del que hablamos. Cuando alguien
domina la técnica de la redacción, escribe
con fluidez. Además, no se trata de escribir un
e-mail que esté a la altura de una epístola
literaria. El objetivo principal es comunicar bien nuestro
mensaje, que lo entiendan y se obtengan buenos resultados.
Todo ello será más fácil si añadimos
precisión, elegancia, claridad y armonía
a los textos.
No olvidemos que "somos lo que comunicamos".
Si te interesa mejorar tus habilidades
de redacción sigue nuestro curso "Cómo
comunicar bien por escrito".
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