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Aumenta
tu coherencia, reduce tus emisiones |
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Por Víctor M. Pinto (Consultor asociado de Ágora
Social)
La responsabilidad social
corporativa (RSC) no se reduce a aportar fondos a las
organizaciones ciudadanas. De hecho, una empresa puede
ser socialmente responsable sin hacer mecenazgo. Implica
observar una conducta responsable en las esferas económica,
social, laboral y medioambiental.
Las organizaciones ciudadanas que promueven
que las empresas sean responsables deben observar más
o menos las mismas normas de conducta si quieren tener
legitimidad para hacerlo. Y quizá uno de los aspectos
de los que menos se preocupan es de su impacto medioambiental.
Por pequeño que sea, importa.
La responsabilidad social corporativa
es un concepto muy amplio que abarca no sólo las
relaciones con la sociedad, sino también y en primer
lugar, el impacto de sus actividades en el medio ambiente
y las relaciones laborales, entendidas estas como la búsqueda
de la satisfacción y el compromiso del empleado
con su empresa, mediante políticas que van mucho
más allá del mero cumplimiento de la ley.
La aplicación de este concepto
supone un cambio copernicano y no siempre es bien entendido.
Supone dejar de comportarse como si fuera el "centro
del universo" y relacionarse con diversos colectivos
que se ven, voluntaria o involuntariamente, afectados
por sus operaciones de una manera diferente. No debe,
pues, ser entendido como una mera herramienta de comunicación,
sino como un factor más que condiciona la estrategia
de la empresa.
Sin embargo, sigue dando la sensación
de que la RSC es sobre todo una gran oportunidad para
obtener fondos de las empresas. Aunque ello sea cierto
en alguna medida, el concepto es mucho más amplio.
Suscribimos el enfoque del Observatorio del Tercer Sector
cuando habla de la "sociedad relacional", en
la que se produce un diálogo y una cooperación
entre dos sectores hasta ahora incomunicados. Esta nueva
relación conduce a la corresponsabilidad: las organizaciones
ciudadanas deberán exigir a las empresas desde
una posición coherente con las exigencias planteadas.
Ya en 2004, un artículo del diario
La Vanguardia [1] hacía mención a la transversalidad
del concepto de la responsabilidad social:
"Quizás deberíamos
hablar menos de responsabilidad social y más de
sociedad responsable. Porque difícilmente habrá
una sociedad responsable sin ciudadanos, asociaciones,
ONG, partidos, instituciones y, por supuesto, empresas
responsables".
Las organizaciones ciudadanas defienden
unos valores determinados, pero esto no supone que tales
valores formen parte, de forma automática, de su
comportamiento en su entorno inmediato. No se debe dar
por hecho que trabajar en "lo social" implica
que uno es respetuoso con el medio ambiente. Consumen
energía y generan deshechos en la realización
de sus actividades. Tanto en sus oficinas como en los
lugares en los que realizan su intervención.
La coherencia con las exigencias que se
plantean a las empresas hará más creíble
su discurso. Esta coherencia debe darse en todas las dimensiones
de la responsabilidad social.
Por eso nos parecen importantes iniciativas
como la que acaba de lanzar WWF/Adena. Se trata de propuesta
rigurosa desarrollada para todo el sector no lucrativo
que permite reducir el impacto ambiental de cada organización,
en particular sus emisiones de CO2, fuente principal del
calentamiento global.
Es cierto que el impacto que genera una
pequeña organización en el medio no puede
ser comparable con el de una gran empresa papelera. Sin
embargo, tanto las organizaciones como todos los individuos,
como miembros de la sociedad, estamos llamados a ser responsables
en el uso de los recursos naturales y energéticos
de que disponemos. No importa la escala, es una cuestión
de principios.

Te sugiero que visites el sitio web www.pasodelcoche.com.
Además de reducir las emisiones de CO2 de tu organización,
ganará legitimidad para exigir a las empresas que
cumplan con sus responsabilidades sociales y ambientales.
Aun a riesgo de generalizar en exceso,
uno de los puntos fuertes de este sector es su capacidad
para hacer autocrítica y adoptar medidas que supongan
una mejora tanto en su eficacia como en su credibilidad
ante el resto de la sociedad. Esta web ofrece una oportunidad
excelente para demostrar que es así.
[1] Ángel Castiñeira y Josep
M. Lozano, citado en "La responsabilidad social de
las organizaciones no lucrativas". Colección
Papers de Investigación, número 3. Observatorio
del Tercer Sector, 2005.
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