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Defensa
del apadrinamiento bien entendido |
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Por Agustín Pérez (Director de Ágora
Social)
El apadrinamiento no imprime
carácter ni es un instrumento exclusivo de organizaciones
de corte caritativo.
¿Es el apadrinamiento una propuesta
de colaboración engañosa y una cortina de
humo que desvía la atención sobre las causas
de la pobreza? ¿Es una forma de solidaridad poco
comprometida que emplean sólo las organizaciones
políticamente mojigatas?
Con frecuencia se vierten críticas
como éstas. La última que he leído
proviene del profesor del ESADE Alfred Vernis: "Es
necesario transformar aquellas situaciones en las que
las organizaciones no lucrativas sólo buscan la
caridad de las personas del Norte por la vía del
apadrinamiento u otras fórmulas de marketing. Estas
fórmulas no aportan nada al compromiso real de
las personas del Norte con las situaciones de pobreza
e injusticia social (?)" [1].
Comparto su preocupación por el
enfoque paliativo de la labor de muchas organizaciones.
Sin duda lo mejor sería que todas realizasen, en
la medida de sus posibilidades, prácticas transformadoras
que incidan en las causas de los males sociales además
de combatir sus síntomas.
¿Pero qué tiene que ver
esto con el apadrinamiento? En mi opinión, sólo
hay una relación circunstancial. Es probable que
muchas organizaciones que utilizan el apadrinamiento tengan
un enfoque caritativo. De ahí que se asocie una
cosa con la otra. Pero esto no tiene que ser siempre así.
Por ejemplo, Action Aid International, organización
de matriz inglesa, es una de las más importantes
organizaciones de cooperación para el desarrollo
del mundo. Combina una fructífera labor en este
campo mediante proyectos de desarrollo integral a largo
plazo (cosa que no todas las ONGD hacen) con campañas
de incidencia política en los países del
Norte y en los países del Sur en los que opera.
Esta organización ha comprendido desde hace años
que para combatir la pobreza hay que combinar ambos tipos
de trabajo. De otro modo, se corre el riesgo que los frutos
de la cooperación no perduren.
En nuestro país, Ayuda en Acción
va más allá de proporcionar alimentos, vivienda
y salud básica para mejorar las condiciones de
vida de los pobres. Esta organización sostiene
que para eliminar la pobreza hay que reconocer los derechos
de las personas y que su negación es su causa estructural.
Otro ejemplo demostrativo: en la conocida
organización internacional de defensa de la infancia
Save the Children, algunas de sus secciones nacionales
utilizan el apadrinamiento mientras que otras no lo hacen
e incluso les parece mal hacerlo. ¿Quiere esto
decir que en un país esa organización tiene
una función asistencial y en otro una función
transformadora? Sin duda, es esencialmente la misma en
todas partes puesto que persigue una misión común,
con unos valores y una metodología de trabajo igualmente
compartidas.
El apadrinamiento no imprime carácter
ni es un instrumento exclusivo de organizaciones de corte
caritativo. Es una fórmula de financiación
en la que el compromiso regular del donante con el proyecto
de cooperación se simboliza y se expresa a través
de una relación personal con un niño o una
niña. A partir de aquí, el significado que
pueda tener este vínculo solidario variará
de persona a persona y de organización a organización.
Pero no es sólo una fórmula
de financiación estable que procura una actuación
a largo plazo con mayores posibilidades de impacto, con
ser esto ya de por sí muy importante. Es una forma
de colaboración que promueve un conocimiento directo
entre las personas del Norte y del Sur, que favorece el
entendimiento intercultural. Además, hace que la
realidad del Sur se cuente desde allí, no sólo
por los mensajes que envían los niños y
niñas, sino también por los informes que
se envían desde las oficinas locales.
Así, es cierto que muchas personas
que apadrinan se sienten mayormente motivadas por un sentimiento
filial y ven poco más allá de su ayuda para
sacar adelante un niño o una niña. Estos
donantes menos informados y comprometidos pueden no sólo
ignorar las causas de la pobreza, sino que pueden dar
dinero durante años sin llegar a conocer el contexto
inmediato del proyecto al que contribuye con su aportación.
Tan despreocupados pueden ser que se han dado frecuentes
casos de personas que han llamado por teléfono
a otras organizaciones de apadrinamiento distintas de
la suya porque no saben a cuál están vinculados.
Pero donantes poco informados los hay en todas las organizaciones.
Pero otras muchas, no sabría decir
si son más o menos, son perfectamente conscientes
de que están apoyando a una comunidad como parte
de un programa de desarrollo más amplio. Pueden
ser personas con inquietudes sociales que piensan que
es necesario cambiar el orden mundial injusto. Si la organización
de apadrinamiento no satisface este anhelo transformador,
a menudo lo combinan con su apoyo a otras organizaciones
que sí practican la denuncia social.
A los padrinos y madrinas no se les pone
una venda en los ojos por el mero hecho de serlo. Sin
duda, hay organizaciones que se guían por horizontes
políticos estrechos. Para sus donantes su aportación
es poco diferente a una limosna. Pero otras se preocupan
de informar a sus donantes no sólo de lo que ocurre
en los proyectos en los que están involucrados,
sino del contexto mundial. Y participan en campañas
de sensibilización y de incidencia política
que persiguen cambiar la actitud de la sociedad y las
inicuas reglas de juego que rigen las relaciones Norte-Sur.
De la misma forma, entre las organizaciones
que no recurren al apadrinamiento, las hay de todo tipo.
Desde una que dice en su publicidad que "un poco
de tu generosidad puede aliviar muchas vidas" hasta
otra que te interroga sobre si crees que la gente del
Sur debe disfrutar de los mismos derechos que tú
tienes.
El apadrinamiento es una fórmula
de marketing. Como lo es cualquiera de las demás
propuestas de colaboración económica. No
comprendo por qué el profesor Vernis, abogado de
la profesionalización del sector, alude despectivamente
al marketing como sinónimo de propuesta artificiosa,
concebida para "vender" la solidaridad, pero
vacía de contenido. El marketing es una disciplina
de suma utilidad para la promoción de las causas
sociales. Yo diría más, es imprescindible.
Concebir la captación de fondos sin el marketing
sería como conducir la comunicación de la
organización ignorando las técnicas periodísticas.
El apadrinamiento es, en este sentido,
un "producto" para la captación de fondos
muy inteligente. De ahí que sea tan popular. Como
todo producto, tiene sus adeptos y sus detractores. Algunos
de éstos son profesionales de grandes ONG que marcan
distancias más por una estrategia de diferenciación
que por el contraste real en sus propósitos o en
su forma de trabajar. Otros son miembros de pequeñas
organizaciones que hacen gala de la pureza de sus opciones
políticas y de su decidida voluntad de transformación
social.
Una de las causas que, a mi juicio, ha
perjudicado la reputación del apadrinamiento es
que su publicidad no suele hacer alusión a las
causas de los problemas sociales, reduce el compromiso
social a la protección de un niño y no emplea
un tono reivindicativo. La mayor parte de los soportes
publicitarios exigen una enorme simplificación
de los mensajes. En su afán de llamar la atención
en un contexto de saturación de mensajes y de hacerse
oír entre el murmullo de organizaciones que reclaman
lo mismo de los donantes potenciales, se buscan los mejores
ganchos. No es infrecuente que caigan en la sensiblería.
En mi opinión, no deben cambiar el producto, sino
la forma de promocionarlo, aun reconociendo las severas
limitaciones que impone la comunicación publicitaria.
Han de compensar la extrema simplificación de esta
publicidad de captación con una información
más completa en su relación posterior con
los padrinos.
Sin duda el apadrinamiento es una oferta
atractiva para el donante potencial. No todas las estrategias
publicitarias pasan por comunicar la visión o las
creencias de la organización. A menudo es más
útil proponer realizaciones concretas, que los
donantes encuentran que pueden cubrir con sus modestas
contribuciones y que les reportan una gran satisfacción
personal. No olvidemos que, como ilustra un reciente estudio
sobre el perfil de los donantes españoles [2],
la propia satisfacción es un impulsor más
poderoso para el donante que las motivaciones altruistas.
El quid de la cuestión es que la
organización de apadrinamiento no debe conformarse
con ser eficaz en la captación de donantes, sino
que debe informarles e incluso formarles para que los
menos avisados o menos comprometidos con el cambio social
hallen en el apadrinamiento una experiencia de transformación
personal que les proporcione una visión más
crítica del mundo que les rodea y les incite a
tomar parte más activa en la lucha contra la injusticia.
--
[1] "Tensiones y retos en las organizaciones no lucrativas",
Revista Española del Tercer Sector, nº 1 (Fundación
Luis Vives).
[2] I Estudio sobre la Colaboración
de los Españoles con las ONG's y el Perfil de Donante,
AOMD-FECEMD, 2004.
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